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La vuelta al cole

Estamos de nuevo y hemos vuelto al cole. Algunos en septiembre, otros más afortunados lo retrasan hasta octubre, pero ya es inevitable. Vuelve la rutina, la vida ordenada, el trabajo y los ansiados fines de semana.

Vuelve el no saber qué ponernos, si frío, si calor, si pantalón y sudadera, si tirantes y sandalias. Vuelve ese “batiburrillo” del vestir que llena las calles y junta en la misma terraza a personas estrenando sus acolchados anoraks con quienes lucen tirantes lenceros y una pequeña rebeca.

La vuelta al cole es un sinónimo de estrenar, propósitos y lápices con los que apuntarlos en los cuadernos en los que decidimos ordenar nuestro tiempo. Bolígrafos de colores con carpetas a juego, lleno todo de deseos y anhelos.

La vuelta al cole es el comienzo de año. Durante mucho tiempo de nuestra vida los años los medimos por curso escolar. La Navidad y Fin de año son fiestas de vacaciones en mitad de nuestro año real, aquel que empieza en septiembre y finaliza cuando nos vamos de vacaciones allá por junio (qué tiempos esos de tres meses de vacaciones). La vuelta al cole la marca la compra de los libros y el estreno del uniforme.

Con la imagen personal pasa algo parecido. Hay dos temporadas cada vez más desdibujadas, pero la vuelta al cole determina el momento de elegir cual va a ser nuestro look del año. Nos cambiamos el pelo, más corto, de otro color o cambio radical, nos afeitamos las barbas tan cómodas para el verano, adquirimos las últimas “deportivas de vestir” (bendita tendencia) y planificamos aquello que vamos a lucir. Pero tenemos prisa, se nos olvida lo largo que es el año que tenemos por delante hasta  volver a “oler a verano”.

Bien está que hace más fresquito, que el día es más corto, que el sol ya no hace daño, pero seamos coherentes. Si con 23 grados en mayo nos quitamos el abrigo porque nos “asamos”, con 23 grados en octubre no nos pongamos “el plumas”, por más bonito que sea,  bien que nos siente, guapos que nos veamos y caro o chollo que haya resultado.

Solo hay una excusa para estrenar hasta las botas Ugg en el mes de octubre, que quede claro a nuestro entorno que ya lo tenemos y que si bien nosotros copiamos a las personas que nos gusta seguir en moda, no admitimos que nos copien a nosotros nuestros amigos.

El uniforme queda para la vuelta al cole de los peques.

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Fuente: www.keralamoda.com

Se cierran las piscinas

El pistoletazo de salida del verano no lo da la fecha (en realidad el mes de junio es primavera, hasta el 21 no entra la ansiada estación que sabe a vacaciones), tampoco las tiendas que venden la ropa ibicenca desde el gélido marzo. Para todos, el verano empieza cuando se abren las piscinas.

Soñamos con ponernos al sol para adquirir ese tono que hace que la ropa nos siente mejor y nos digan la buena cara que tenemos.

Y aquí arranca uno de los fenómenos que se producen cada verano. Este año la publicidad ha recreado una serie de acciones que realizamos en los veranos, que jamás haríamos en invierno. Y una de ella es en la que muestra a una señora con un nada favorecedor triquini.

De ese fenómeno queremos hablar. Según avanza el verano, nos vamos quitando ropa y complejos y producimos algunas situaciones paradójicas.

Es curioso que nos hagamos unos looks estupendos, cuidados, estudiados, probados y los llevemos en la maleta para esas largas noches de verano. Queremos la película del amor del verano o del repuntar de la relación de pareja de siempre. Queremos gustar.

Para ello tomamos el sol, paseamos por la playa e incluso hacemos ejercicio. Y lo hacemos sin ningún pudor a enseñar esas lorcitas cerveceras, los cúmulos de las paellas y todo lo acumulado durante el año. Nos mostramos sin maquillaje, sin gomina en el pelo, sin tacones o alzas en los zapatos. Nos mostramos tal y como somos a escasos metros del paseo por el que cuando el sol descansa, luciremos nuestros conjuntos, y lo más curioso, lo hacemos ante la misma gente que, en ocasiones no nos reconoce por la noche después de la “chapa y pintura”. Ese chico bajito adquiere otro porte, la de las ojeras, kilos y pelo revuelto es alta, guapa y delgada. El joven delgaducho es ahora un escultural compañero de copas.

Son solo escasos metros los que separan la playa del paseo, la piscina del club social, pero son unos metros que nos hacen ser dos personas distintas, desinhibidas de días, estudiadas de noche.

Curioso fenómeno el del verano que comienza cuando se abren las piscinas.

Ahora toca cerrarlas. El verano nos acompaña hasta el 21 de septiembre pero las piscinas marcan que el verano, se cierra y todos pasamos a vestirnos como si fuéramos al paseo. Perdemos en naturalidad pero, en algunos casos, ganamos en estética.

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Fuente: www.caracteres.mx