Y nos vestimos de Goya

Hay dos semanas de la moda en Madrid, una en febrero y otra en septiembre. Es la Mercedes-Benz Fashion Week, la pasarela Cibeles. Esta semana, los principales diseñadores españoles han mostrado sus creaciones para el próximo otoño 2016. La moda siempre va por delante de otras artes como por ejemplo el cine. Y pensamos esto porque se dan una serie de paradojas.

En la semana de la moda hay una alfombra, este año rosa, donde las actrices y actores nominados así como muchos artistas pasean sobre ella luciendo preciosos vestido o trajes. Lo hacen en directo con una audiencia millonaria.

Se podría pensar, que es lógico, que las nuevas tendencias de la moda tienen una pasarela de excepción, en lugar de con modelos con actores. Lo triste es que no es así. No somos capaces de aunar las dos cosas, de tratarlas en conjunto. Mientras unos nos muestran las tendencias, otros pasean vestidos en su mayoría de firmas extranjeras.

Consideramos que es una pena. Las revistas se llenan de nombres a pie de foto con poco sabor español, mientras la industria de la moda española, afortunadamente crece aun sin este apoyo.

Es una pena que no se coordinen y convirtamos esa alfombra rosa en una promoción no solo del cine español, sino también de la moda española, recordemos que ambas industrias van unidas. ¿Qué sería del cine sin la moda?

Mirando las revistas observamos otra cosa. Se habla de quién acertó en su elección y quién tiene un enemigo por espejo. Pero queremos hablar de lo que no dicen las revistas. De un grupo de gente de más de cien personas que vestían de Goya. Iban elegantes, de negro, discretos. Cada uno mostrando su personalidad, sin uniforme pero con unidad. Pasaban desapercibidos por su indumentaria, dejando ver solo su trabajo abnegado, duro pero emocionante.

Muchos ni se fijaron en ellos, se preocupaban más por sus estilismos, pero sin ellos sus estilismos no habrían lucido en orden, tranquilos y… enteros.

Estas personas discretas y elegantes, vestidos de Goya, si fueron apreciados y reconocidos por algunos y entre ellos por un grande. Una estrella de verdad se distingue por muchas cosas, su elegancia entre otras, pero una Elegancia con mayúscula. Y cuando vio esa foto, de “los niños de negro” cogió su “cabezón”, su Goya y se sentó como uno más, vestido de negro.

Gracias Don Antonio Banderas

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